Así expusieron ambos sus argumentos al ser interrogados sobre el tema por EL TIEMPO.

‘El diálogo cura más que el perrero y los golpes’: Gustavo Álvarez Gardeazábal

EL TIEMPO ¿Por qué no a la propuesta del Gobierno de sancionar al consumidor?

GUSTAVO ÁLVAREZ GARDEAZÁBAL: Porque me parece lo más ridículo que se le pueda ocurrir al presidente Álvaro Uribe. Es fruto de la terquedad, de creer que la ética del perrero está por encima de la ética del convencimiento y sobre todo porque es creer que en Colombia es más importante el decreto que la razón. Cada vez que lo escucho volviendo a presentar ese proyecto que siempre le han negado, pienso en la mula Matilda que tenían mis abuelos, que era más terca que nadie.

¿Usted es defensor de la dosis mínima?

Soy defensor del uso de razón para todos los actos de los seres humanos y nunca he creído en las prohibiciones.

Un argumento que ha presentado el Gobierno es que el consumo es una enfermedad que el adicto no puede controlar y por eso el Estado debe cuidar a los enfermos que no se protegen a sí mismos…

Entonces no demorarán en volvernos a llamar enfermos a los homosexuales de Colombia y, a lo mejor, nos someterán a algún tratamiento.

¿Usted consume drogas ilegales?

En mi juventud hice todo lo que se podía hacer. A esta edad ya no alcanzo ni a tomar Coca Cola.

¿Le quedaron secuelas de todo lo que hizo en su juventud?

Nunca he creído que la mala vida deje secuelas. Deja es gratos recuerdos.

¿Qué le diría a una madre de familia que no sabe qué hacer con la adicción de su hijo?

Le diría que el diálogo, la razón y el convencimiento son mucho mejores herramientas para curar esa adicción que el perrero o los golpes.

¿Diálogo con la persona que consume y también con la que vende?

Lo que hay es un problema de negocio por la prohibición que existe a la venta de drogas. El día que deje de ser prohibido no existirá ese problema.

¿Cree que al eliminar el concepto de dosis mínima legal se puede combatir mejor a los expendedores de droga?

Es el mismo cuento del gran fracaso de la política gringa. Creyeron que persiguiendo a los productores iban a acabar con los gringos periqueros.

¿Además del diálogo, con qué otro mecanismo se puede controlar el consumo?

Creo que con diálogo y convencimiento sobre qué cosas hacen daño y qué cosas no lo hacen.

¿Y según usted, qué hace daño y qué no?

Es como si hoy en día volviera a aparecer el LSD que le dañaba las neuronas a cualquiera.

¿Entonces que viva el pucho?

Nunca digo que viva nada. Que viva más bien la vida.

‘Si hay control, muchos van a recapacitar’: Diego Palacio

EL TIEMPO ¿Usted ha consumido droga?

DIEGO PALACIO: No, nunca.

¿Por qué sancionar el consumo?

No puede ser que el país ataque totalmente el cultivo y el narcotráfico y sea permisivo con el consumo. Hay que ser coherente y tener una posición de rechazo total a todo: a los que cultivan, a los que trafican, a los que compran, a los que venden y a los que consumen. Detrás de esto hay un enorme problema de salud pública que les estamos dejando a futuras generaciones.

¿Dónde queda el concepto de libre personalidad?

La libre personalidad debe ser mirada también en el contexto social. Por encima de este no puede estar la libertad individual. La sociedad tiene que poner límites y defender principios.

¿Por qué sancionar a alguien que eventualmente se eche un ‘cacho’ de marihuana, si no comete ningún delito?

No estamos hablando de criminalizar, sino de una sanción social. Los estudios en el mundo dicen que la sola educación y prevención no son del todo eficientes sin algo de control social y coacción.

¿Se debe rechazar al adicto, a pesar de que es considerado un enfermo?

No a la persona, sino al acto de consumir y a aquellos que se encierran a consumir en fiestas sociales y luego salen a criticar.

¿Usted cree que es posible persuadir a un consumidor con la sanción?

Si hay control social eficiente, mucha gente va a recapacitar y va a evitar incluso consumir. El cambio de la curva de consumo en el país, que muestra un incremento, coincide con esa sentencia de la Corte Constitucional (de 1994) en cabeza del entonces magistrado Carlos Gaviria, que planteó la permisividad de la dosis personal.

¿Por qué encerrar al adicto para que sea tratado?

Esa persona que no se quiere rehabilitar es una carga no solo para él y su familia, sino para la sociedad. No podemos seguir asumiendo esas consecuencias. No se nos olvide lo que un drogadicto significa para una familia y para una comunidad. A mí me ha tocado ver mamás y papás de drogadictos, que llevan semanas sin aparecer, diciendo que preferirían que sus hijos estuvieran en el cementerio, para al menos saber dónde están y no vivir con la incertidumbre.

¿Se puede rehabilitar a un adicto que no quiere hacerlo?

Es posible que no. Pero un número importante terminará accediendo y rehabilitándose con seguridad. El país necesita controlar el consumo.

El Tiempo / 30 de marzo de 2009